jueves, 19 de septiembre de 2013

A lo largo de los siglos, al igual que ha ocurrido en muy distintos puntos y culturas de nuestro continente, una amplia variedad de factores sociales, económicos, políticos, culturales y medioambientales, han tenido su influencia en el desarrollo del arte de Japón. El clima templado, similar al de España, y las cuatro estaciones bien diferenciadas, ofrecen una gran abundancia de símbolos y temas estacionales, tales como el ciruelo, el cerezo, el crisantemo y el arce, representando al invierno, la primavera, el verano y el otoño, que se repiten una y otra vez en el arte japonés. El mitificado amor de los japoneses por la naturaleza se refleja en el uso de materias primas como la laca, la madera, el bambú, y el papel. La alta humedad del clima y los frecuentes terremotos y tifones, que con cierta periodicidad asolan el país, han hecho que el arte japonés recurra a la utilización de materiales ligeros, que por un lado hagan a los objetos fácilmente transportables, y por otro, que sus arquitecturas sean más fáciles de reconstruir. La estética japonesa, más inclinada a admirar la hermosura de las cosas en función de su fugacidad, ha preferido siempre la utilización de materiales humildes y sencillos de encontrar.
La historia del arte japonés no puede ser entendida sin sus contactos con el continente y la gran tradición asiática del arte budista, como no lo puede ser el arte español, sin contemplar sus relaciones con Italia o Francia, y la tradición del arte cristiano. En relación con estas oleadas de influencias del continente, hay que aducir, que los artistas japoneses supieron moldearlas y desarrollar un arte con unos valores estéticos propios, muy particulares.
Mirando el arte japonés desde otro punto de vista hay que decir que su influencia sobre otras culturas fue escasa, si no nula hasta el siglo XIX, cuando los artistas europeos descubrieron sus bellezas artísticas y demostraron hacia ellas una gran pasión. La participación japonesa en las exposiciones universales, consideradas entonces como foros internacionales, contribuyó enormemente a la difusión de su arte en Europa y Estados Unidos. También en España, en la exposición universal celebrada en Barcelona en 1888, hubo participación japonesa, y consta que la colección de estampas de la Biblioteca Central de Barcelona fue adquirida en la muestra. Fueron las cerámicas y los grabados los que mayor impronta dejaron sobre la pintura europea, y por supuesto, sobre las artes llamadas decorativas.
Hoy los artistas japoneses, baste recordar los nombres de algunos como el arquitecto Arata Isozaki, autor del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (1986), o el Premio Nobel de literatura Ôe Kenzaburô, están teniendo una participación cada vez más activa en el desarrollo del arte contemporáneo internacional.






The Giant Member Fuji versus King Gidora, 1993.
En la práctica esta fue la obra con la que hice mi debut en el mundo del arte contemporáneo japonés. Con ella mi nombre ganó reconocimiento, si bien es cierto que al mismo tiempo creó el prejuicio entre la gente de que yo era un artista del tipo otaku.
Como mucha gente señala existe una cercana similitud entre el Ukiyo-e, un género pictórico de la era medieval japonesa, y el manga o el anime que hoy en dí­a son tan populares. Ambos están estrechamente conectados a los, con frecuencia, indecentes gustos de la gente y por lo tanto no pueden ser reconocidos como arte, aun siendo las más originales y honestas formas de expresión visual para los japoneses. Desde mis tiempos de estudiante ha sido para mi una asignatura pendiente crear un estilo pictórico que haga de puente entre los dos géneros de un modo evidente. Creo que este acrí­lico, basado en “Kinoe no Komatsu” (un conocidí­simo grabado pornográfico de Hokusai Hatsushika que representa a una mujer buzo haciendo el amor con un pulpo), puede ser una solución sustancial, puesto que la obra de Hokusai armoniza con los monstruos de las series de las pelí­culas de “Godzilla” y con los personajes de la serie de televisión “Ultraman”, temas bases de la denominada cultura otaku.